La mayoría de nosotros jamás dejaría que nada ni nadie determinara nuestros actos. No permitimos que nadie decida por nosotros, ni defina el rumbo de nuestra vida. Sin embargo, caemos en nuestra propia trampa pues tampoco estamos dispuestos a dar los pasos necesarios para ser dueños de nuestro destino. ¿El resultado? Nadie se hace cargo. No llegamos a ninguna parte. Vivimos a la deriva.
Nuestras excusas son nuestro mayor lastre, pero sin importar cuánto daño nos causen, parecemos adorarlas. Muy dificilmente aceptamos separarnos de ellas. Acabamos por sentirnos cómodos con el pensamiento de que somos más pequeños que nuestros problemas y culpamos a cualquier circunstancia de nuestras desgracias. “Realmente quisiera hacer las cosas de otra manera pero... ... quiero mantener mis abanico de opciones abierto” ... si algo falla, ya no puedo cambiarlo” ... a mi edad, ¿ya para qué?” ... cuando pase esta época tan atareada en mi vida, realmente voy a dedicar un tiempo a aclararme” ... si fijo mi mente en un sólo objetivo, cuándo aparaezcan excelentes oportunidades, no podré verlas” ... no vale la pena molestarse” ... todavía tengo mucho tiempo, quizá en otro momento” ... ¿quién soy yo para controlar mi destino? Mejor dejo que la vida me lleve a dónde debo estar” ... ¿cómo puedo saber que lo que deseo es lo mejor para mi?” ... así como estoy, no estoy tan mal, puedo soportarlo” Seguro que para este punto ya tienes en mente por lo menos tres razones por las que no has tomado el timón de tu vida. Pero en lo que deber poner especial atención es: cuáles de esas razones has usado, cuáles ya adoras y no quieres soltarlas, o peor aún, cuáles ya admites como verdad absoluta e insondable.
Siguiente: El camino hacia una mente positiva.
(Gracias Gaby)
Visita nuestra página
También visita la página de Pahtle en:
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Ser responsable de nuestro propio destino es ser consciente de nuestro presente. Gracias por estar con nosotros.
ResponderEliminar