Visita nuestra página

También visita la página de Pahtle en:

viernes, 8 de mayo de 2009

No somos lo que comemos sino lo que asimilamos


Comer nunca se ha limitado ni se limitará al simple hecho de satisfacer la sensación física de hambre. No comemos únicamente para que no nos suenen las tripas y para tener un buen funcionamiento del organismo, sino también por el placer de comer y para controlar nuestras emociones.

El deseo de comer cuando no se tiene hambre es un buen indicador de que se desea algo menos perceptible que la comida, pero muchas veces no se sabe que es. En estas ocasiones la comida se convierte en nuestro refugio y a veces acudimos a ella por insatisfacción, aburrimiento, estrés o ansiedad, problemas cotidianos y también muchas veces para gratificarnos por logros alcanzados, como cuando festejamos las calificaciones de los hijos o la noticia de un nuevo empleo.

Y es que desde niños nos han inculcado la idea del alimento como premio-castigo o también como alivio a distintas dolencias, al grado de transmitirlo a través de la "sabiduría" popular: "Las penas con pan son menos", "cómete un pan para el susto", "endúlzate la vida con un postrecito", etc.; además si nos caíamos y llorábamos, nos consolaban con la promesa de regalarnos golosinas; si no comíamos la sopa o el plato fuerte, nos quedábamos sin postre; si sacábamos buenas notas en el colegio nos premiaban con dulces y chocolates o con una cena especial. … es cierto que gratifican, alivian el dolor y la tensión creando un efecto biológico reconfortante pero sólo es temporal, luego nos quedamos con la consecuencia de los excesos cometidos y la confusión de no saber en qué momento nuestro organismo necesita de los nutrientes esenciales para cubrir las necesidades vitales.

Estos hábitos incorrectos construidos desde pequeños dificultan detectar las verdaderas necesidades alimentarias. Es preciso comer siempre que se tenga hambre, tenemos que aprender a escuchar lo que nos dice nuestro cuerpo; él sabe cuándo, cuánto y qué quiere comer por sus necesidades nutricionales; él es el que necesita de los alimentos para mantenernos saludables, pero debemos escucharlo desde ese punto de vista y no desde las emociones que tengamos en ese momento.

Lo ideal es tener cinco ingestas diarias (desayuno, lunch, almuerzo, merienda y cena) en los horarios (no dejando pasar más de 3hs. entre una ingesta y otra) y cantidades adecuadas, que nos ayudará a detectar con naturalidad la verdadera sensación de hambre. Pero adquiriendo estos hábitos no es suficiente, pues también importa la intención con la que nos alimentemos; no es lo mismo darnos un tiempo adecuado para nuestro lunch con una conversación agradable con una amiga, que comer después de haber tenido fricciones con nuestro jefe o después de recibir alguna noticia desagradable.

Nuestras células y cada parte de nuestro cuerpo reciben la información del exterior, la procesan y la asimilan. Hablando de los alimentos, cada bocado nos brinda nutrientes y una experiencia diferente dependiendo de la atmósfera en donde se lleve a cabo este "ritual". Si comemos en un ambiente agradable, con nuestras emociones equilibradas (feliz, sin prisas ni preocupaciones) asimilamos de forma positiva nuestros alimentos y es muy probable que nuestro cuerpo tome "contento" los nutrientes y que nos caiga bien ese taco del puestito de la esquina, a diferencia de comer ese mismo taco o un alimento más saludable teniendo un pleito familiar o un enojo con el vecino, o comer una manzana con preocupación, pues esos alimentos se convierten en "veneno" que asimilamos y obviamente nos dañan causando, por ejemplo, un problema estomacal o desencadenando enfermedades más graves (colesterol, triglicéridos, hipertensión, diabetes, etc.).

El problema real de la obesidad de los niños y adultos de nuestro país, no se debe sólo a los "alimentos chatarra". Este tipo de alimentos nos puede proporcionar nutrientes como vitaminas, proteínas, carbohidratos, etc., el inconveniente es que nos los proporcionan como una bomba calórica alta, y si a esto sumamos que la mayoría comemos estos alimentos de prisa en los famosos fast foods o dejamos que los niños coman pizza viendo la televisión, la manera en que asimilamos esta información no es a conciencia y podemos estar transmitiendo a ese alimento emociones de abandono, preocupaciones, enojos, prisa, frustración, estrés, etc. que al final se reflejan en esos kilos extra y culpas posteriores a la ingesta.

Es por esto que debemos tomar el acto de comer, aunque sea una simple golosina entre comidas, no sólo como el simple hecho de satisfacer el hambre o seguir una costumbre, sino como un evento importante en el que debemos de estar con emociones positivas y situaciones placenteras, además de consumir alimentos saludables y de alta calidad nutricional.

1 comentario: